Percepción de formas-objetos

22 oct. 2008

No haremos de la percepción, es decir, del conocimiento sensorial de las innumerables formas que nos rodean, una facultad distinta de la inleligencia, de la memoria y de la atención. Nosotros no percibimos, no distinguimos nada más que lo que podemos captar con la inteligencia; gracias a nuestra memoria, al hecho de que nuestras reacciones adquiridas tienden a ser constantes, nuestra percepción se convierte en reconocimiento.

Desarrollar la percepción es hacer penetrar la inteligencia y la memoria lo más posible en el mundo sensorial. Recíprocamente, la nitidez y la estabilidad de las percepciones son condiciones de progreso de la inteligencia.

Si la inteligencia interviene en los esfuerzos que realiza el niño pequeño para distinguir formas, para captarlas y oponerlas, después, cuando estas formas comienzan a revestir una cierta individualidad, constituyen la base y los instrumentos mismos que permiten nuevas actividades.

Presentad a un niño pequeño cuadrados, triángulos y rectángulos cortados en un cartón y pedirle que reúna las formas idénticas en pequeños montones separados. Os sorprenderéis ante los errores cometidos, o por lo menos, a pesar de que el niño está ya en edad de comprender lo que se le pide, ante las dudas y la lentitud con que realiza la clasificiación. Los observadores no versados en psicología infantil pensarán que el pequeño no ha comprendido o que está distraído, incluso que es perezoso. Probablemente no se preguntarán cómo ven los objetos, y si los cuadrados, triángulos y rectángulos son para él formas distintas como lo son para nosotros. Esta es, por tanto, la primera cuestión que vamos a tratar.

Para hacer para que el niño llegue a distinguir y por tanto percibir las formas, se utiliza el método de encajamientos (forma-hueco).

Los ejercicios de encajamientos consisten en colocar formas recortadas en los huecos de formas correspondientes. El encajamiento es un acto motor complicado, que permite manipular la forma mientras ésta es vista; también es un acto que acierta o fracasa, y por ello comporta, sin más, un resultado.

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