Pre-parativos navideños ;)

25 nov. 2008

Comienza la cuenta atrás... los escaparates empiezan a engalanarse de adornos y luces navideñas. El buzón no tiene ya cabida para más folletos jugueteros, así que va siendo momento de ponerse a pensar en ideas alternativas que nos puedan ayudar a paliar el cuantioso gasto de la compra de regalos.

Sugerencias:

* Ante la llegada del primer folleto publicitario y para evitar que el niño o la niña se siente cómodamente a leerlo y pedir todo lo pedible, estar preparado. Yo tenía guardada en un cajón una cuartilla, un bote de pegamento y unas tijeras. Cuando mi hija subió con el primer catálogo le invité a confeccionar su "carta de Reyes Magos", como aún no sabe escribir le propuse recortar y pegar lo que creyese interesante. Con ello conseguí que pasase un buen rato observándolo, decidiendo qué seleccionar, trabajando la motricidad fina con el corta-pega ;) y además que todo lo que quería se redujese a sólo tres cosas, porque claro... no cabían más en la cuartilla. Astuta ella me hizo caer en la posibilidad de pedir otras tres cosas porque había espacio en la parte posterior de la hoja, pero claro, más viva su madre "no cariño, ahí tienes que escribir tus datos o no sabrán llegar".

* Hazte con una voluminosa y bonita caja de cartón, decórala o pídele que te ayude. Pedid a "Los Reyes Magos" que la llenen de cosas chulis. Por ejemplo: folios de colores, cartulinas, papeles de diferentes texturas, colores, gomas, puzón, tijeras, etc. Si aún así sobra mucho espacio siempre se puede llenar con globos :)

* Regala juegos de mesa, no son tan caros como otros posibles regalos y pasareis muchas horas juntos de diversión.

* Realiza tus propios juguetes. Ésto es algo más complicado, así que os enlazo aquí un libro llamado "Como hacer juguetes que funcionan" que os puede ayudar.

Aunque retomaré el tema dentro de unos días, concluyo por hoy con una de las reflexiones de Euralia Alcancía:

"¿Tu hijo quiere un juguete, dos, tres juguetes? Tu hijo te quiere a ti, ¡y tú eres gratis!

Paseo la mirada por el cuarto de mis hijas y lo primero que veo es que todos mis intentos por conservar un orden mínimo se van al garete cada vez que se ponen a jugar. Salen juguetes, peluches, pelotas, muñecas por todos lados, se esconden debajo de las camas, acechan detrás de la puerta. Cuando intento volverlos a poner en su caja se rebelan, abultan más de lo debido e invariablemente me derrotan, me obligan a renunciar a mi intención de ponerle la tapa al cubo de plástico que les hace de prisión. Y qué curioso, siempre son los mismos los que me miran socarrones desde arriba de la pila. Descubro que hay juguetes callados y solitarios que llevan encerrados casi un año, sin ver la luz del día… juguetes que me costaron mucho dinero y que en su momento me parecieron imprescindibles…

Creo que ya les conté que el año que me quedé embarazada de la peque le compramos a la mayor todo lo que pidió, y lo que no también. Los Reyes le trajeron un proyector de princesas, un microscopio, una caja enorme de imanes para hacer figuras, un miniordenador, un set de cocinitas y unas cuantas películas de video. Ah, y un juego de la Oca/Parchís automático que me costó 6 euros. No es necesario que les diga cuál fue su favorito, ¿no? Pero sí les voy a decir por qué: porque de todos los juguetes, la Oca era el único que NECESITABA a un segundo jugador. Mi hija pasó olímpicamente de todos los juguetes fantásticos y llamativos que la invitaban a jugar sola -el proyector y los imanes siguen en sus cajas originales, por si a alguien le interesan- y se enamoró de un cacharrito de plástico de cuatro duros que la acercaba a su mamá y a su papá.

¿Qué quieren los niños? ¿Qué estamos dispuestos a darles? Casi siempre es más fácil soltar 30 euros por un juego “educativo” que sentarse con ellos a jugar un rato. Y por eso ese rato es un regalo dorado, lo que nuestro hijos pequeños aprecian sobre todas las cosas. Cuando crecen ya es otro cantar, nos cambian miserablemente por la Nintendo DS, pero ahora lo más sensato sería regalarles lo que de verdad quieren.

Y nuestros hijos nos quieren a nosotros, que no se nos olvide."
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