Garabateando

1 may. 2008

Alrededor de los 18 meses, niños y niñas españoles, chinos, esquimales, quechuas, napolitanos o africanos hacen un trazo con un lápiz sobre el papel o con un palito sobre la tierra. Ese gran momento representa, como con las primeras palabras, el inicio de un lenguaje que prepara la futura expresión de pensamientos e ideas. Con las siguientes notas se intenta brindar algunos elementos interpretativos generales y sugerencias para que los padres acompañen favorablemente este proceso maravilloso de sus hijos.

Un buen día, nuestro hijo toma el lápiz que tenemos al lado del teléfono y hace un trazo sobre un papel. Otro día, encontramos un garabato en la pared hecho con el pintalabios que se cayó en el suelo del lavabo. Esto suele ocurrir alrededor de los 18 meses, en función del cúmulo de percepciones que cada niño tiene almacenadas del período anterior a esos primeros trazos o rayas. Este período en el que el niño hace sus primeros garabatos se divide en tres fases: los garabatos desordenados, los garabatos controlados y los garabatos con nombre.

Garabatos desordenados

El niño siente el deseo de producir líneas en cualquier dirección. Es una necesidad psíquica y física de experimentación pero todavía es muy pronto para hablar de representación. Manipula el lápiz con el puño, la calidad de línea es variable en intensidad y el cuerpo acostumbra a acompañar los trazos, ya que sus movimientos están muy vinculados con el sentido visual. Siente placer al llevar a cabo esta tarea y el color escogido todavía no es importante. Él solito, sin que nadie le incite a hacerlo, y normalmente por pequeños e irregulares lapsos de tiempo, se lanza a dejar constancia con sus trazos de que está empezando a descubrir otro lenguaje.

Garabatos controlados


Con la repetición de garabatos ordenados, el niño acaba por vincular el movimiento del trazo con la percepción visual, lo que le induce a variar los movimientos y a querer llenar toda la hoja de papel. Sostiene el lápiz oponiendo los dedos, comienza a inventar tratando de que sus trazos representen algo del entorno y puede copiar círculos pero aún no cuadrados. Alrededor de los tres años de edad aparece la intención de representar gráficamente algo que pertenezca a su ambiente y solicita nuestra atención o opinión acerca de su obra. En este comportamiento subyace una intención comunicativa, la obra como medio para llegar a los otros y suscitar reacciones.

Garabatos con nombre


Ya cuenta con un mayor dominio motor, han aparecido las primeras intenciones claras de representación, pero todavía persisten formas que en nada se parecen a la realidad de los objetos que quiere representar. Por otro lado, tiene asumido que con sus dibujos comunica algo y obtiene una respuesta por parte de los adultos. A partir de este momento el niño entra en una etapa en la cual empieza a dibujar aquello que imagina. En esta fase la retención visual de las formas y colores empieza a sedimentarse para el futuro. Los dibujos no han cambiado mucho pero pasa mayor tiempo realizándolos, anuncia que los va a hacer. A pesar del proceso de conocimiento del medio que está viviendo, sigue necesitando conocerse a sí mismo. Por eso, habla mucho consigo mismo, tiene tendencia a inventar historias inconexas, se explica cosa, un verdadero soliloquio. Sin embargo al mostrar su dibujo dice "esta es mamá", "este es el tío", "es mi oso".

La elección de los colores


Aunque los colores se asocian a las emociones y a la personalidad, es un poco arriesgado afirmar que un tipo de color significa alegría, tristeza, agresividad, dulzura, etc. En la elección de un color u otro intervienen factores culturales y circunstanciales que se deben tomar en cuenta. Al principio del garabateo, la elección de un color es algo accidental ya que al niño no le preocupa tanto el color como controlar sus movimientos. Luego los utiliza para experimentar y probablemente en ese ejercicio experimental empiece a sentir mayor o menor preferencia por uno u otro. Al final del garabateo el color comienza a cobrar importancia. De todas maneras, se ha observado que muchas veces los colores son escogidos por el orden en que aparecen en la paleta o por la proximidad física con los lápices.

Los materiales


Pon al alcance de tu hijo folios blancos en la mesa o colgados en la pared para que pueda dibujar en el momento que le apetezca. Si te preocupa que manche la superficie en la que está dibujando puedes optar por colgar una lámina grande de papel en la pared, en el suelo, forrando la lavadora o donde se te ocurra. Es mejor darle papel en blanco, ya que en esta etapa los papeles de revistas y periódicos le causan mucha confusión visual con sus trazos. Los lápices comunes son ideales, negros o de colores, así como ceras no tóxicas y rotuladores ¡cuidado con paredes y ropa!
Al principio, evita las ceras ya que se rompen y tienden a chuparlas. La témpera preparada bien espesa también es excelente: puedes disponer los colores en platos viejos o hueveras de plástico. Protege al niño de las manchas con una camisa vieja y cubre la superficie que está debajo del papel que va a pintar. El pincel debe ser de un tamaño mediano, ni muy grueso ni muy fino. La arcilla de colores es fantástica para ser manipulada y ejercitar la prensión, a la vez que permite hacer garabatos con volumen. Lo más importante es que el material esté al alcance del niño y que lo pueda coger cuando le apetezca ponerse a dibujar.

Toda esta etapa es un recorrido hacia la obtención de formas que representen la realidad desde el punto de vista del niño, es una etapa de familiarización con los instrumentos. En cada cultura, cada niño recorre este camino para apropiarse de su lenguaje pictórico, algunos lo hacen más rápido y otros más lentamente. Lo más importante de esta etapa es que nos diferencia, al igual que la adquisición del lenguaje hablado y escrito, del resto de los seres vivos.

Lo que plasma cada niño tiene relación con su mundo particular, cada garabato es distinto de otro y reúne mucha información. Existen muchas formas de interpretar el significado de los garabatos, pero no soy partidaria de ninguna de ellas sino tienen en cuenta el contexto general de la historia vital de cada niño.

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