Jugar en igualdad

17 dic. 2007

A ellos les gustan más los coches y a ellas, las cocinitas. ¿O están reproduciendo lo que ven en casa y en la tele? Jugando también se acaba con los estereotipos, así que dales ejemplo y ¡evita los juegos sexistas en su lista de Reyes!.

Todavía existe mucha confusión. Los padres saben que han de tener en cuenta las cuestiones de género, pero no saben cómo”. Es la respuesta de Imma Marín, asesora pedagógica de la Fundación Crecer Jugando, a la pregunta de si no hemos superado ya el debate sobre los juguetes sexistas. “El problema es que el concepto mismo de juguete sexista sigue siendo muy nebuloso. El coche o las muñecas no son en sí mismos juguetes sexistas, el sexista sería el adulto que decide darle la muñeca a la niña y prohibírselo al niño. La muñeca en sí es un juguete maravilloso, que no tiene nada de sexista y que es tan necesaria y útil tanto para los niños como para las niñas”. ¿Un niño jugando a las muñecas? ¿Un varón que cambia pañales, da biberones y acuna con mimo a su bebé? Sí, en la teoría, no es sólo posible, sino deseable, porque así se entrena para su futuro papel de padrazo. ¿O acaso los papás de hoy no hacen todas esas cosas? Sí, pero: “vivimos en una sociedad en la que, nos guste o no, niños que piden muñecas hay pocos; padres que las compren, menos. Y padres que paseen por la calle, orgullosos de su hijo con su cochecito y su bebé, poquísimos” matiza Marín.

Falsos estereotipos


Las explicaciones hay que buscarlas en el origen. Desde la semana 20 de embarazo, es posible conocer el sexo del bebé. Si es niño, será bruto, independiente y noble, le gustarán los coches teledirigidos, los superhéroes y el fútbol y el color azul. Si es niña, será tranquila, cariñosa y disciplinada y le gustarán las muñecas, las cocinitas y los peluches. Su color favorito será el rosa. A priori, parecen barbaridades. Pero la realidad se empeña en confirmar lo que no son más que prejuicios sexistas que entre todos nos encargamos de materializar y que, en realidad, cuentan con poca base —biológica— real. “Aunque cada vez es menor, todavía hay una línea que separa el juego de los niños y el de las niñas. Ambos sexos juegan con muñecos, aunque los niños lo hacen con muñecos fantásticos, dragones y héroes, mientras que las niñas lo hacen con muñecos bebé y muñecas maniquí. Otra diferencia que destacan los especialistas es que las niñas juegan a juegos más tranquilos, en grupos pequeños y con un mayor componente verbal que los niños, porque a través de sus muñecas representan e imitan su realidad más cercana y cotidiana. Los niños, sin embargo, juegan en grupos muy amplios y con mucha actividad. La explicación no es otra que los padres tienden a vigilar más el juego de las niñas, tienden a protegerlas, mientras que a los niños se les da mayor margen para inspeccionar el ambiente y explorar el terreno. Por último, las niñas, con el juego, desarrollan su capacidad afectiva mientras que los niños aprenden las relaciones de poder. Las niñas cuidan a sus muñecas como a hijos, les cambian, les dan de comer, las duermen y juegan a ser como su madre o la enfermera. Los niños, sin embargo, se divierten con juegos que desarrollan la capacidad motora en los que hay ganadores y perdedores, por lo cual el reto, los logros y el poder son las normas que rigen el juego”. Son las conclusiones de un estudio realizado el año pasado por la empresa juguetera española Famosa. “En nuestra cultura occidental, esperamos de la mujer y del varón una serie de cosas y son las que les trasmitimos a nuestros hijos, y a las cuales ellos responden. El problema se plantea cuando esas expectativas anulan o entorpecen la igualdad de oportunidades”.

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